Como todos los artistas, la estrella de televisión tiene una estética determinada. Un conjunto de elementos estilísticos que, si bien se va configurando de acuerdo con sus intereses creativos y necesidades expresivas, de modo inevitable está fundamentado en el repertorio de referentes, influencias, fuentes y mentores que han sido decisivos para su carrera. Cuanto más ecléctico sea este repertorio, más compleja resultará ser entonces la estética del artista; lo cual en muchos casos puede observarse de manera directa, cuando menos tácita, en sus propias obras. Pues bien, en esta nueva entrada de Vine a verte ve se analiza uno de los casos más complejos dentro del panorama actual de la televisión colombiana: Jesús Hernán Orjuela, astro indiscutible del canal RCN mejor conocido como Padre Chucho. Sus tres apariciones diarias de lunes a viernes, así como su actuación de los domingos, son una muestra de cuán ecléctico puede llegar a ser el universo estético de una figura de la tele.
En el preámbulo a su programa dominical La Santa Misa, muy a las seis y media de la mañana, el sacerdote presenta a los televidentes su interlocución con un títere llamado Prudencio. Monstruo peludo de color naranja y voz estridente por medio del cual se promueve en los altares -escenarios- ese mensaje del redentor que dice “dejad que los niños vengan a mí”. Porque, como se aseguró en la versión on line del periódico El Tiempo, este “muñeco inanimado” fue creado por los productores “para que los niños no cambien el canal”. Sin embargo, habría que ser justos y agregar a esta afirmación que el personaje de Prudencio, más que un gancho para lograr un buen rating o share, representa uno de los referentes más significativos en la obra artística del Padre Chucho, nada menos que Plaza Sésamo.
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Aunque no se sabe a ciencia cierta si esta introducción a la teleucaristía logra el objetivo de divertir y educar al público infantil mediante muñecos, como a la perfección lo ha hecho durante años el programa estadounidense, la interacción del cura con la marioneta recuerda a aquella que se da entre los humanos y los Muppets. No obstante, esta sencilla semejanza no es lo único que permite deducir la afinidad del Padre Chucho con Plaza Sésamo. También están esos rasgos del Conde Contar que casualmente se advierten en el religioso: el ceño enigmático, cierto histrionismo oscuro en la actitud y, ante todo, la connatural afición a numerar cosas. Porque al padre le gusta calcular el tiempo que falta para algún suceso de su interés (“… faltan diez días para la Pascua de Resurrección”), le encanta enumerar los misterios cristológicos (“… uno, Nacimiento; dos, Vida; tres, Pasión; cuatro, Muerte; cinco, Resurrección; y seis, Ascensión”), pero más que nada le agrada contar sus “ovejitas” en las madrugadas (“… todas las ovejitas que me están viendo a esta hora de la mañana”, “… las ovejitas que asistieron a la eucaristía el pasado domingo”). De hecho, atendiendo a esa simpatía del ovejero de RCN por el mundo de los Muppets, también cabe formular la hipótesis de que esa numeración constante de ovinos es una maniobra intertextual del Padre Chucho, un mensaje cifrado, un guiño -críptico pero no por ello menos legítimo- que remite a sus seguidores a esa memorable escena en la que Enrique, aconsejado por Beto, contaba ovejas para intentar conciliar el sueño.
Pero no todo es peluche y fantasía en el universo estético de esta estrella católica del espectáculo. Además se percibe en él una serie de influencias provenientes de una de las corrientes más rigurosas y comprometidas con la veracidad en la historia de la televisión, el telerrealismo. En concreto, la escuela a la que pertenecen hitos de la talla de Cristina Saralegui, Laura Bozzo y Jerry Springer. Al igual que los programas de todos ellos, el talk show del Padre Chucho llamado Cura para el alma (de lunes a viernes a las once de la mañana) tiene el fin de mostrar la realidad tal y como es. Por consiguiente, en él se tratan temas similares a los de El Show de Cristina, Laura en América, y The Jerry Springer Show. Esto es, asuntos cotidianos en la vida de cualquier cristiano o cristiana tales como “mi novio reemplazó a mi papá” o “usé a mi hijo para vengarme de su padre”, entre otros.
Habrá teóricos que aleguen aquí, en consecuencia con los temas que se ponen como ejemplo, que sería preferible localizar las influencias del sacerdote en el antiguo mundo helénico y no en los telerrealistas. En efecto, las historias mencionadas suenan familiares a mitos como los de Electra y Edipo; no obstante, debe recordarse que el Padre Chucho es católico, apostólico y romano, y por ende su postura ideológica está muy alejada de la de los trágicos griegos. Así que la relación del curita con lo trágico debe atribuirse al hecho de que el acervo temático de su talk show sea muy similar al de las telenovelas, las cuales desde siempre han reinterpretado los argumentos propios de la tragedia griega. No en vano parte sustancial de Cura para el alma es la dramatización de los temas que se debaten.
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Observando con atención la naturaleza de estos segmentos que de modo magistral enfatizan la verosimilitud de los sucesos, se infieren otras fuentes de inspiración del Padre Chucho. También del movimiento telerrealista, la desaparecida serie colombiana de los años setenta y ochenta, Dialogando; el todavía vigente programa mexicano, Mujer, casos de la vida real; y, desde luego, la miniserie gringa dirigida al público hispano, Decisiones. Tan potente ha sido el influjo de estas fuentes, que los dramatizados de Cura para el alma ya pueden considerarse a la altura de todas las superproducciones del género. Es más, por su incuestionable calidad podrían entrar a competir con mucha fuerza en el mercado internacional de seriales de televisión. Sopesando que este talk show pertenece a uno de los canales potencia en la realización y emisión de series y telenovelas -más de diez diarias de lunes a viernes- a nivel internacional, se puede confiar en que las transacciones con el programa del religioso serían exitosas. Ya se vaticinan episodios de Cura para el alma traducidos a todas las lenguas, el padre y sus actores doblados al eslovaco, el portugués, el sueco, etcétera.
Ahora bien, lo paradójico es que las dramatizaciones terminan por opacar lo que debería ser central en Cura para el alma, la conducción del programa por parte del sacerdote. Cuando éste retoma las riendas del programa después de las escenificaciones, la tensión provocada por estas últimas decae considerablemente. Teniendo a la mano modelos a seguir tan diestros en técnicas para dirigir un talk show como es debido, el Padre Chucho debería aplicar algunas de ellas para prolongar el factor dramático y de este modo equilibrar la situación. Tendría que ejercitarse, como Cristina Saralegui, en movimientos de cabeza para reforzar el sentido de las preguntas y comentarios que hace a sus panelistas. Incluso, necesitaría aumentar lo campechano de su rictus e implementar algunos recursos retóricos similares (“¿qué tú hiciste?”, “¿qué tú piensa’?”) para conseguir la inolvidable afabilidad de la presentadora cubana. Tampoco estaría nada mal que el showman colombiano le pusiera a sus entrevistas un toque de la socarronería que caracteriza a Jerry Springer para, al igual que éste, procurarse ovaciones por parte del público después de formular cada cuestión. O, viendo que uno de los propósitos esenciales de su programa es retornar las ovejas descarriadas al redil, el cura necesitaría imprimirle a su carácter la severidad y la mala leche con las que Laura Bozzo solía reprender a los invitados por sus comportamientos censurables en polladas y otros eventos sociales (“basura, eres basura”, “cállate la boca, oye”). En últimas, para asegurarse la gloria absoluta, el Padre Chucho podría conseguir casos de la vida real tan sórdidos como para que, en su resolución ante las cámaras, los implicados tuvieran que llegar a los golpes cual Caínes y Abeles, al mejor estilo de los programas de Springer o la señorita Laura.
Como los dramatizados, muchas otras cosas han empezado a quitarle brillo mediático al telecura que a pesar de todo continúa siendo el ídolo irrefutable de la mayoría de televidentes en Colombia. Tal parece que todo empezó cuando abandonó los suéteres de colores para retomar la vestimenta no litúrgica típica de casi todos los sacerdotes contemporáneos. Pantalón, camisa clerical y chaqueta de color negro, tan sólo contrastados por el blanco inmaculado del cuello romano. Cambio de imagen en el que se intuye un replanteamiento de mentores que, en aras de mantener el estilo auténtico y vivaz, jamás debió haber hecho el clérigo colombiano.
Con tanta formalidad, se sobrentiende que el Padre Chucho se ha venido decantando por modelos televisivos demasiado sobrios como los de aquellos sacerdotes de ETWN (Eternal World Television Network), canal católico originario de Alabama, Estados Unidos. Muchos de los programas de esta cadena (véase por ejemplo Conozca primero su fe católica presentado por el Padre Pedro) pierden ritmo y vehemencia por la excesiva sobriedad de sus presentadores; el carácter templado y monótono de los mismos provoca el aburrimiento y no realza lo entretenido de los temas que se abordan. Carencias que ha heredado ese espacio donde “el Padre Chucho y la palabra de Dios harán que tu vida sea más tranquila y guiada por sus consejos, despierta con ellos y sigue tu día con la bendición del Señor, sólo por Nuestra Tele a las 5:30 de la mañana”. Programa insufriblemente lento y sin ilación, con un Padre Chucho que no puede disimular la desesperación, aturdido entre el acoso de los focos, las indicaciones del coordinador y las llamadas incesantes de los fieles ansiosos de orientación y consuelo. Para colmo de males, de esta emisión no se salva ni el nombre. Porque ni los productores, ni el propio director y presentador, se han percatado de lo inconsecuente que resulta el hecho de que esto también se llame Cura para el alma como el talk show del que se habló con antelación. Si por lo menos hubieran recurrido a la consabida fórmula Cura para el alma II, o Cura para el alma: El regreso. Pero ni eso.
En todo caso, si el padrecito está empeñado en seguir a los mentores de ETWN, la audiencia colombiana debería pronunciarse para que en lugar de los sosos optara por los que en la misma cadena norteamericana han sido éxito rotundo gracias a su desparpajo e hilaridad. De hecho, estaría bien que tomara como modelo a la mismísima fundadora de ese emporio mediático religioso, a la Madre Angélica. No lo tendrá difícil el Padre Chucho para reencausar su estilo, máxime cuando se sabe que comparte con la monja de Ohio varios talentos que en televisión dan mucho juego, a saber: la carcajada fácil y contagiosa, la prestidigitación de un objeto (la Biblia) que mantenga fija la atención del televidente, el uso recurrente de figuras literarias, la gracia para cantar y tocar instrumentos, etcétera.
Cabe aclarar (en particular a los lectores maliciosos) que al proponer a la Madre Angélica como referente artístico idóneo para el Padre Chucho, de ninguna manera se ha querido sugerir subrepticiamente algo como que el cura empezara a travestirse con hábitos de monja franciscana para consagrarse como diva del espectáculo en Colombia, no. Aunque pensándolo bien, como estrategia para otra de sus apariciones en RCN, vestirse como la Madre Angélica posibilitaría que el sacerdote se pusiera a tono con todo lo que sucede antes y después de sus dos minutos de gloria en Muy buenos días. Si el padre se mostrara vestido de esta guisa en el magazín de cada día a las seis de la mañana, podría perpetuarse ese instante de lascivia en el que exhibidas por Jotamario, Laura Acuña y Jessica Cediel son recorridas de pies a cabeza por las cámaras del programa justo antes de dar paso al momento de la oración.
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¿Por qué pasar de forma tan abrupta de la figura de las presentadoras al inminente plano del hombre que en las misas da el cuerpo de Cristo? ¿Cuál es la justificación para que con tanta aspereza se cambie la fanfarria y la música de striptease por el sonido unplugged del Padre Chucho tocando su guitarra? Sólo con un replanteamiento radical, el espacio destinado a los rezos en Muy buenos días podría remediar estas inconsistencias y, a su vez, integrarse por fin a las demás secciones del programa: la lectura del tarot, las amenas entrevistas, la sesión de aeróbicos (“aeróticos”) perpetrada por el equipo técnico, etcétera. De continuar como ahora, el curita terminará perdiendo muchos adeptos que no tendrán más remedio que pasarse al magazín de la competencia, el programa Día a día del Canal Caracol. Allí se tiene la opción de ver a un desenfadado Padre Alberto Linero con ropa fresca e informal, en un ambiente de centro vacacional caribeño, predicando la palabra del Señor con un tono bien ejercitado que media entre locutor de emisora tropical y pastor evangélico. Sin hablar ya de su segmento musical, también desenchufado pero mucho más sabrosón que el del Padre Chucho.
Desde aquí se te invita Jesús Hernán Orjuela, padre nuestro que estás en el set, a que te rasgues las vestiduras que te atan, a que te despojes de tu Rolex y recuperes tu brillo. Se te propone que consigas un manager, un estilista y un asesor de imagen como los de Benedicto XVI, para que tú también puedas llenar el Yankee Stadium y otras plazas que estén incluidas en tu gira. Venga a nosotros tu nuevo reino en los medios, donde no cese ni la diversión ni el entretenimiento. No nos dejes caer en la tentación de cambiar de canal para ver cómo el Padre Diego Jaramillo, en su mala versión del Minuto de Dios, sigue profanando a diario la excelsa frase: “Señor, en tus manos colocamos este día que ya pasó y la noche que llega”. Y sobre todo, líbranos del mal de tener que enviarte desde nuestros celulares la palabra “Cura”, al 2662, para recibir a cambio esa máxima tuya que nos “motivará a vivir con más alegría y una fe fortalecida”. Amén.
10 comentarios
Mayo 19, 2008 a las 10:57 am
Que así sea!
Mayo 19, 2008 a las 12:25 pm
jejejejeje!!!!!!!!!!!!
Mayo 19, 2008 a las 1:50 pm
no puedo creer que el padre chucho te dé tanta inspiración! amén!
Mayo 20, 2008 a las 5:12 pm
Carachas bernardito, después de tan severa disertación no me queda más que felicitarte por el encantador estilo que tienes para poner en evidencia la miseria productiva y creativa de la muy polifacética televisión colombiana.
Aunque un poco desactualizada (los videos no me abren, además) recuerdo bien a este sujeto, sólo que cuando tenía el desplacer (si es que el término es éticamente correcto) de verlo nada más lo acompañaba su voz de cantor de villancicos y un par de dichos con los que trataba de caracterizar su maltrecho personaje de amigo y sicólogo del pueblo.
Me sorprende saber que ahora tiene tal magnitud mediática, pienso que es realmente interesante analizar el estado de psicosis, paranioa y culpa que reflejan nuestros amados compatriotas, o mejor aún , al estilo del conde, contar el número de teleovejitas que crecen los índices de rating, a propósito cómo se mide el rating??
Por ahora te recomiendo que vuelvas a la valeriana y aumentes la dosis, duerme y no veas tanta pendejada que tal vez, remembrando a nuestra querida Shusha, estará llena de mensajes subliminales para Dios sabe qué….
Julio 30, 2008 a las 2:12 pm
Líbranos señor de los telegurúes. Todos son falsos y el padre Chucha no es la excepción.
Aquí otro buen blog sobre tele, recomendado:
http://www.formoltv.blogspot.com/
Seguiré pasando por acá.
Agosto 1, 2008 a las 1:33 pm
Amén Don Camilo, Amén. Por aquí bienvenido que pronto se reactivarán las funciones después de unos ajustes técnicos necesarios. Gracias por el formol recomendado.
Octubre 1, 2008 a las 2:26 pm
Todos estos llamados representantes de dios en la tierra, no son mas que unos payasos de circo, incluyendo al otro payaso de Linero (Tu Sabes…)
que horror, al menos tengan pantalones para retirarse, como ya lo hizo el expadre Gonzalo Gallo, que se dedica a dar conferencias. El tal juramento, igual que el de hipocrates está prostituido, Cual sacrificio por los demas ?,Bla Bla Bla por tv, o bailando reggateon como linero, mientras afuera hay mucha gente con hambre, desplazada, desempleada, que necesita su diligencia que no existe, por ningun lado. Burocratas igual que los que se roban el dinero del pais, andan en carros lujosos con choferes, A.A. y como si fuera poco hablando en un lenguaje, que terrible
Octubre 21, 2008 a las 5:59 pm
oye, vuelve, que es esto pues?
Octubre 23, 2008 a las 7:39 pm
Hola soy el actor de ¨me tildan de gay porque soy bailarin¨ me parece que el padre cucho es un producto comercial, solo muestran de el lo que quieren como todo todos los actores de colombia. buen blog.
Marzo 9, 2009 a las 10:44 pm
Excelente trabajo y excelente lectura, muy pocas cosas buenas se encuentran por estos lados hoy en día.
Exitos